Esta noche puedo recordar a la perfección los párrafos de Cortazar y sus “instrucciones para subir una escalera”, solo que a diferencia de su texto, debo resaltar que se olvido mencionar que se hace cuando en cada pierna se lleva una tonelada de nada.
Comencé mi ascenso y al llegar al quinto piso vino a mi mente el recuerdo de su voz, que desaparecía completamente al ser opacadas por el frío de las manos de aquellos que meticulosamente, intentaban hacer entrar mi humanidad en aquel pequeño chaleco.
En el sexto piso aun no podía entender cual había sido el motivo de mi encierro, si tan solo me encerraba bajo llave en mi cuarto para poder conversar con la muerte, para poder darle ese instante en el que me pudiera explicar el porque de su ausencia cuando me sentía “preparado” para irme con ella, tengo consciencia de que a veces los gritos y las groserías despertaban a los vecinos, pero no lo veo como motivo suficiente como para que recluyan mis huesos.
En el séptimo una nota entro por mis oídos, me destrozó lo que tus palabras habían construido y se escapo tímida por los pasillos del edificio.
En el quinceavo recordé a “periódico”, al hombre que se quebraba cada vez que durante un juego de cartas, me contaba lo mucho que extrañaba a su hija, y que los deseos de abrazarla se hacían cada vez mas fuertes cada noche desde haces casi 23 años.
En el piso diecisiete comprendí que ninguno de nosotros debería haber estado ahí jamás, sometidos y estudiados por un grupo de supuesto cuerdos, que se sentían con el derecho suficiente de carbonizar cada recuerdo por “ el bienestar de nuestra salud mental”, acaso será que esta permitida la manipulación con electricidad de momentos no deseados y deseados?.
Ya en el dieciocho decidí echar un vistazo hacia abajo, al hacerlo se me cayeron sin querer los breves recuerdos de mi niñez; lentamente un pequeño niño se despedía de sus juguetes que rebotaban destrozándose en los barandales.
El piso veinte fue el mas difícil.. ante mis ojos y una vez mas como en los últimos meses, apareciste tu y me extendiste tu mano, te mire e hice por una ultima vez un mapa de tus ojos. Desapareciste con el golpe de la puerta de la azotea que se cerraba.
Así fue como llegué aquí, estoy parado al borde del abismo mientras la suave brisa golpea mi cara, la imagen de tu mirada me acompaña y le brinda un brillo mas a esta noche estrellada, ese que sabrá escapar cuando se active la alarma de aquel auto blanco, que será un fiel testigo de mi ultimo aliento.
Al saltar puedo asegurar que mi vida no pasa ante mis ojos, esta quedo en los escalones que ahora puedo ver pasar rápidamente..
Mi casi naranja sangre debilitada por las fármacos no dibujo un sol, pero si pudo pintar dos alas, que quizá, se abrieron demasiado tarde.. o tal vez, son las que me están permitiendo volar en este mismo momento.
Los locos no pueden morir, es tan única su esencia que ni la muerte misma ha sabido descifrar la manera de apagar su luz.
eMMa.
Julio 5, 2008 a las 1:53 am |
PRIII!!
hola emma!
bueno me paso rapiditoo, ando medio apurada, pero nunkdejo de pasar..
beshoos! q andes muy bien!!
tkmm!
Julio 6, 2008 a las 12:24 am |
Simplemente te puedo decir que es impresioante como pudiste describir a la perfeccion la locura y la necesidad, por asi decirlo, de aquellos que la portamos.
De una loca a un loco mi reconocimiento por lo que hiciste, es genial en serio.
La locura es parte de todos.
Julio 29, 2008 a las 5:28 pm |
yo también recordé la perfección de los párrafos de Cortazar y sus “instrucciones para subir una escalera”